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28 mar. 2015

Politizar la intimidad

Es imposible no afrontar con unas breves palabras en este bog el estupor de un acto humano como el que parece ha causado la desgracia del airbus de Lufthansa. Entre todas las cuestiones que suscita un acto de esa envergadura, me asaltaba sobre todo la pregunta ¿Y nadie se había dado cuenta del estado mental del co-piloto Andreas Lubitz?

Creo que la respuesta a esta pregunta la encontramos en los cambios en la concepción de la intimidad en nuestras sociedades contemporáneas. Daba la clave un periodista alemán del diario Bild que entrevistaban en la BBC y que había a su vez entrevistado a la azafata con la que Andreas había mantenido una relación --quizá la única-- algo íntima. Fue quizá la única persona que al parecer pudo advertir el estado tan desbarajustado, fragmentado o dividido de su mente. De hecho parece que decidió no conservar su relación con él porque, en la intimidad, parecía convertirse en otro tipo de persona, violenta, llena de rencor y con una gran carga vengativa. 

Esta fragmentación de la subjetividad, que en casos extremos la nombramos como "enfermedad mental" es un producto histórico forjado con cambios en las relaciones familiares y comunitarias, en las formas de relacionarnos, en los "regímenes emocionales" que van prohibiendo o censurado, incluso que nos autocensuramos, en cada contexto. Pero también esta fragmentación ha sido modelada por la industria farmacéutica (véase The pharmaceutical self, Emily Martín, o los trabajos de Dummit) , por procedimientos de ajuste a las organizaciones laborales, con las estandarizaciones horarias y las formas de organización laboral del capitalismo, etc. 

Hemos aprendido, cultural e históricamente, ciertas formas de hablar de lo que nos preocupa, y a evitar lo que en ocasiones nos parece tan áspero, difícil o "inaceptable" que nos parece imposible que alguien pueda escucharlo. ¿Cómo aprendemos a vehicular nuestras preocupaciones y dolores por caminos menos tortuosos o rencorosos? En la intimidad. Un espacio complejo (se puede leer a Lynn Jamieson o Giddens, incluso "Carnal Knowledge" de Stoler sobre la intimidad en un contexto de colonización). La complejidad de este espacio viene tanto de ser un lugar donde se (re)estructuran las relaciones de género -o raza y clase-, como por ser un espacio de producción de la individualidad. Además, es un espacio generado con prácticas muy diferentes en cada comunidad histórica, cultural, afectiva, etc. 

Pero no es del poder o de los aspectos más opresivos sobre los que quiero brevemente reflexionar, sino de la importancia del conocimiento que produce la intimidad, como un saber imprescindible y sutil para la vida. Requiere observación atenta, capacidad para mantener y creer una cierta distancia con lo observado para no proyectar lo que está en nuestra mente, requiere por tanto crear la distancia, producir afectos que permitan crecer. Tener prácticas de intimidad es una tarea donde se pone a prueba nuestra capacidad para no vigilar o castigar, para cuidar del sí, para preguntarnos y tratar de explicar los cambios que se observan. Qué significan esos cambios de humor, esas frases dolidas y broncas, esas horas demasiado excesivas de inactividad, esa poca vitalidad, quizá esa palidez o esa falta de sueño continuado. Estas y otras observaciones son las que ayudan a ir comprendiéndo(nos) cuando interactúamos en ese espacio íntimo e intersubjetivo o simplemente intrasubjetivo. Aunque la medicina haya trabajado durante siglos  con diversas prácticas dentro de ese espacio, la progresiva estandarización de sus métodos la ha alejado de lo íntimo. Me pregunto cómo puede esperarse detectar ideas suicidas u homicidas en los pilotos con preguntas estandarizadas en los test del tipo  "¿Ha pensado en suicidarse? ¿Tiene impulsos para matar?"

Vivimos en mundos, -en cada cultura de manera diversa aunque la globalización de las formas de lo íntimo es una realidad-, en donde quizá no apreciamos suficientemente la importancia de estos cuidados y saberes en apariencia ínfimos, donde vivimos mas tiempo en mundos virtuales que reales y en espacios donde está muy estructurado, ideologizado, y generizado, lo que debe o puede ser expresado. Es por eso que es importante reivindicar la intimidad como un espacio humano que debe ser politizado, porque en ese espacio pueden producirse saberes esenciales para la supervivencia humana. Esa politización puede ayudarnos a tomar consciencia sobre los conocimientos que encierra la intimidad, como un lugar, un ecosistema, que da "sentido y sensibilidad" a las vidas humanas (y no sólo humanas), de forma tan individual como colectiva. 

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